Reflexiones #1

esclavos_siglo_xxi_21Desde este espacio haremos una única reflexión sobre esta época electoral tan plagada de fanatismos y partidismos.

Nos gustaría comenzar por aclarar o refutar que desde este lugar no creemos que “el trabajo dignifica”, creemos fervientemente que el conocimiento dignifica al hombre. La facultad que tiene el hombre de preguntarse por su existencia, por el sentido del universo, de la historia, de la vida; la facultad de generar conocimiento, adquirirlo, desarrollar su pensamiento, es lo que dignifica su existencia porque le da un sentido noble, grandioso.

En una vida plagada de insignificancia, desconcierto, desorientación, el hombre le da sentido con su facultad a la vez grandiosa y patética de morir y saber que muere y, con esa certeza de su destino final e inevitable, sigue viviendo. No sigue viviendo 90 años para trabajar, no solo trabajar, sino trabajar para otro, para que otro se lleve los frutos y el resultado del esfuerzo. No sigue viviendo para aceptar sin más, sin preguntarse por qué, que uno tiene más y uno tiene menos, y el que tiene más esclaviza (en el sentido más amplio y actual del término) al que tiene menos; lo somete a una jornada laboral exhaustiva, dispone de su tiempo para él (prácticamente el que somete a 10 personas tiene un día de 90hs mas sus 24hs personales).

La persona que sabe que va a morir y sin embargo elige vivir todo lo que más puede no lo hace para dignificarse esclavizándose, lo hace para poder disfrutar del tiempo que se nos da en esta roca que gira alrededor del sol. El hombre no olvida que su estadía es breve y por demás fortuita como todo lo que lo rodea. Sabe que el mundo es sólo una roca que gira alrededor del sol, que el tiempo lo inventó el hombre para medir, que todo es circunstancial, momentáneo y nada material tiene una real trascendencia ontológica.

Aquí está el punto central de la cuestión. La trascendencia ontológica es lo que le da sentido al hombre, a la vida. Y esa trascendencia no se da a través del trabajo fabril, tecnológico o lo que sea, encarcelando el tiempo a las órdenes de un patrón que fortuitamente está ahí y no acá.[1]
Si hubiera una filosofía de la economía capitalista (si la hay la desconozco, pero la mía sería la siguiente), luego de todo el desarrollo intelectual orgánico, llegaría a la conclusión en forma de callejón sin salida, cerrada por la pregunta “¿para qué?” ¿Para qué trabajar más/de más? ¿Para qué tener más/ de más? La idea de “más trabajo” y “tener más” es el discurso que cruza todo el andamiaje político desde la izquierda más ortodoxa hasta la más flexible, que pide por más trabajo y mayor salario. Y de la derecha más progresista hasta las más conservadora, que dice “más inversión para los empresarios para que generen más trabajo”. Nadie pidió reducir el tiempo de trabajo diario para impulsar el desarrollo personal de esos trabajadores, para dedicar mayor tiempo a los gustos y pasiones que nos dan ese sentido que inherentemente no tenemos. ¡NO! por el contrario, auspician por la educación orientada al trabajo.

La pregunta ontológica, la pregunta por el ser, es una pregunta que sólo el ser humano puede hacerse. Esa pregunta nos dignifica. A esa pregunta profunda, a esa pregunta que nos devela la finitud, que nos abre un mundo nuevo de significaciones, no llega por arte de magia y mucho menos llega por el trabajo que tanto patrocina la política. A esa pregunta se llega a través del conocimiento, a través de la lectura y, por sobre todo, a través de acto del pensamiento que se ejerce en la mayor cantidad de tiempo libre, es decir, tiempo disponible para nosotros mismos. Tiempo para nosotros y nuestra soledad. Sin tiempo no se puede pensar, sin tiempo no se puede leer, ni instruirse, sin todo lo anterior no se da la praxis necesaria para llegar a la pregunta ontológica, sin esa pregunta somos una cosa (como una piedra), somos un utensilio del poder que nos usa a gusto y sin arrepentimiento para su beneficio; dándonos las migajas que nos merecemos porque decidimos ser esclavos.

11756655_10206613840640439_26987709_n

Heidegger se preguntó: “por qué hay algo y no más bien nada (o, “y no más bien otra cosa”)”. Cualquiera que se haga esa pregunta pasará una noche en vela y verá (si tiene la suerte de calar hondo en su pensamiento) el mundo y la realidad de una forma distinta. Por lo menos esperamos, desde este humilde espacio, que se pregunte por qué hace lo que hace.

A través de la autenticidad del ser creemos que el hombre se dignifica. Esto no significa felicidad, divertimento, levedad; esto (la autenticidad) es una intensa y prolongada angustia que sólo culmina cuando el ser muere. La angustia nos devela la finitud, la finitud nos devela la temporalidad (que existe, precisamente, porque somos finitos), en la temporalidad el pensamiento se desarrolla, el pensamiento nos da la dignidad, la dignidad nos devela la autenticidad y la autenticidad es ejercida, mantenida y dada por la libertad. Es un círculo que cierra ineludiblemente con la libertad. Nadie nos hace esclavos ni auténticos. Nosotros a través de nuestros actos nos damos la libertad, y esa libertad de nuestros actos nos convierte en esclavos o seres auténticos.

Un ser auténtico siempre es crítico, sólo se puede ser crítico si se ejercita el cuestionamiento y el pensamiento. Sólo se logra esto teniendo tiempo y dedicación para ello.

Recordemos, siempre, al filósofo más importante del siglo XX, Jean Paul Sartre: “El hombre está condenado a ser libre”.

No lo perdamos de vista ya que es el filósofo de la libertad y nada es más emocionante, motivante y ensordecedor, que la libertad.

– Carl Carson –

[1] Vale que hagamos una salvedad. El único tipo de trabajo que no entraría en nuestra consideración de trabajo “no dignificante” sería el de educador. Y aquí la salvedad de la salvedad: no hablamos del educador que transmite lo que el poder le dice que transmita a través de los libros de enseñanza ya predeterminado. Hablamos del educador que prepara al niño para convertirse en adulto intelectualmente, que le enseña a ser crítico, que le muestre las injusticias e incoherencias inherentes del sistema, que nada es sólido, que por el contrario todo es circunstancial. Que le enseñe que estamos condenados a ser libres y que nuestras elecciones nos darán un sentido y nos darán nuestra libertad. Que le enseñe, básicamente, a cuestionarse la realidad, a hacerse preguntas todo el tiempo.

Advertisements

One comment

  1. Pingback: REFLEXIONES #1 | alienameesta

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s