Sartre: el sujeto, la nada y la libertad

Laimages (1) realidad humana es el centro de la ontología de Sartre. El ser-en-sí es positividad pura. Lo positivo es lo que es, lo que no puede ser otra cosa. La negación (nada) viene al mundo por el hombre. El ser-para-sí surge frente al en-sí como su radical negación. Este ser se define como carencia y este es el fundamento de su desdicha. El para-sí es porque está arrojado al mundo y lo está en situación. Esta situación expresa la pura contingencia del para-sí. Para él hay una pregunta que siempre puede plantearse: ¿Por qué  este ser es tal y no es de otra manera? El para-sí es en tanto hay algo en él de lo que él no es fundamento: su presencia en el mundo. Por lo tanto, el para-sí es lo que ha hecho en el pasado para ser lo que es en el presente.  Soy la suma de mis actos, de mis decisiones.  Esa es mi facticidad. Lo soy en el modo de no serlo, porque mi presente es un no-ser. Mi presente es proyecto. Estamos siempre arrojados a nuestros proyectos, es la dimensión del futuro. La facticidad es lo que fui y lo soy ahora, no siéndolo, porque ahora no soy, mi presente es no-ser, mi presente es pura posibilidad, es una sed que me arroja hacia mis posibles. Soy responsable de ellos porque eligiéndolos me elijo a mí mismo.

Al no-ser, cada uno de mis actos me da el ser. Este ser se desliza detrás de mí y se incluye en mi facticidad. No bien soy algo, he dejado de serlo. De aquí que el hombre anhele el reposo del ser. Pero siempre tiene sed de la nada, de no ser nunca algo. Lo que Sartre llamará “mala fe” será el intento del para-sí de captarse en alguna de las formas del ser: ser un abogado, contador, mozo de café, etc.

“El hombre es una pasión inútil”

Esa pasión está condenada a no ser saciada jamás. La realidad humana  es falta, es carencia, jamás tendrá plenitud del ser. Pero en esa carencia reside la libertad. AL ser nada tiene que hacerse, al tener que hacerse tiene que actuar, al tener que actuar se lanza hacia sus proyectos, al hacerlo surge una temporalidad, al lanzarse hacia sus proyectos tiene que elegirlos, al elegirlos se elige, se da el ser, ese ser nunca es reposo, que siempre es falta.

“Si la desdicha de la conciencia surge de su imposibilidad de ser,

de su imposibilidad de ser surge su libertada”

La alienación es el intento de la conciencia por hacerse ser, por encadenar la libertad a la viscosidad de lo en-sí. Pero no, el para-sí siempre será carencia y por esto aparece la temporalidad en el mundo, que encuentra su fundamento en el proyecto. El fundamento del acto es la libertad. Toda acción, toda praxis, es libre y generadora de temporalidad.

Esto implica una profunda fe en el hombre. Se le dice que elija, que se de el ser actuando, que nunca se dará el ser pero que eso es, justamente, ser libre: no ser nunca nada. Ser siempre nada.

“El hombre es ese ser que es lo que no es y no es lo que es”

La praxis libre del sujeto libre se cosifica en la acción, se aliena. Pero  lo sabemos: el fundamento de la alienación es la libertad. El hombre es un agujero en la plenitud del ser. Este agujero (esta libertad) impide la consolidación del grupo.

Este grupo se comienza a fusionar desde la serialidad. El grupo en fusión es libertad. Pero también es una empresa por suprimir esa libertad y darse una unidad ontológica que por definición le esta negada. Una vez que ese grupo en fusión logra su cometido, aquello que le daba unidad profunda ha desaparecido. Entonces se busca de darle una nueva figura y se hace un grupo-permanencia.  Su creación original será el juramento. El grupo lucha contra  la libertad disolvente creando un miedo interior. La libertad es sospechosa, se trata de hipotecarla por medio del juramento. Cualquiera sea la praxis, siempre habrá un elemento que permanecerá no dialéctico: la pertenencia común de cada miembro al grupo. El juramento se vuelca hacia la inercia.

“Todo agente práctico en su libertad

es potencialmente un traidor”

Todos en algún momento desean someterse al juramento y esperan que el juramento los libre de la peste de nuestra libertad. Dentro del grupo el individuo tiene una función. La función no puede aplacar la libertad del sujeto. La libertad es sospechosa por sí misma como introductora de alteridad, todos renegarán de ella. Por lo tanto el grupo deberá estructurarse con mayor fuerza, aparece, entonces, la autoridad. Si nadie puede actuar, la libertad le pertenece solo al soberano.

En la dialéctica del grupo nos constituimos y cedemos nuestra libertad a partir del juramento, allí se deposita nuestra libertad. Esto nos hará menos libres pero más fuertes. El grupo es el ser. Este ser no logra ser nunca porque lo constituyen los hombres.  La realidad humano, que es nada, que es proyecto, que es por consiguiente libertad, no puede enajenarse dentro de la coseidad del grupo.

“El hombre está condenado a ser libre”

El hombre está condenado a su praxis. Así la alienación  es libertad que se extravía en lo práctico-inerte y luego se recupera, en la síntesis del campo práctico. Mi praxis es siempre libertad y fundamento de la alienación.

“Hay alienación porque hay, antes y como fundamento,

una libertad siempre concreta que se aliena”

La alienación es hacer de mi libertad una cosa, identificarla con un juramento, renegar de ella. Somos más poderosos como grupo que como praxis individual y aislada, aunque libre. ¿Libre para qué? Libre para nada. La libertad me condena a la soledad. El hombre busca escapar de su libertad y darse la consistencia del ser en la unicidad: ser un mozo, un abogado, etc. Ahora busca enajenar su praxis libre en la coseidad del grupo. ¿Qué lo lleva a esto, qué lo amenaza? La nada. Es decir, la libertad.

Para terminar un ejemplo del libro “Las manos sucias” de Sartre. Explica que la inercia del grupo (la orden, por ejemplo) no puede ahogar la libertad del sujeto. Al personaje se le ordena matar a una persona determinada. El personaje va y cumple su tarea. Pero confiesa que en ese momento no había orden. Las órdenes te dejan completamente solo a partir de cierto momento. “La orden había quedado atrás y yo maté completamente solo”. La orden es la inercia dentro de la conciencia libre. La orden cosifica la conciencia. La libertad puede más que la orden. Que, entonces, la angustia del sujeto, esta solo con su libertad, con todo el peso del acto sobre sí.

Algunas reflexiones:

Se podrían identificar, claramente, grupos específicos hoy en día: partidos políticos, equipos deportivos, congregaciones religiosas, étnicas,  etc. Ya se han ocupado de ellas y se siguen ocupando los profesionales del área. Yo prefiero señalar algunas características, algunas consideraciones sobre estos temas en la cotidianeidad de los actos de la gente común. Digo común, digo no pertenecen expresamente a un grupo determinado ni actúan expresamente bajo ciertos mandatos (a priori).

Hay billones de personas y no todas pertenecen a determinados círculos. Nos cruzamos a diario con cientos o miles de personas que no se rigen bajo ningún juramento expreso. Sólo son. Responden a criterios básicos de convivencia en sociedad. ¿Cómo puede, entonces, tener que ver estos temas arriba expuestos, con estas personas? Creo, en el afanoso hecho de la contemplación activa y la experiencia crítica, que estos temas están ligados profundamente con estas personas (sean conscientes o no de tal hecho).

Vemos, por ejemplo, que las personas creen regirse bajo cierta moral colectiva (llamase religiosa, social, etc.) en la que ciertos actos están prohibidos, mal vistos, cuestionados, penalizados (social y legalmente); en la que ciertos actos tienen fuerte impacto sobre las personas (horror, malestar, alegría, complacencia, etc.) Esto no está dictaminado por ningún grupo en específico (de hecho los integrantes de ciertos grupos están dentro de este gran grupo, aunque no al revés).

Es decir, los actos de las personas, sus reacciones, están basados y regidos por algo más que su libertad. Sin embargo, según hemos visto, el acto último, su praxis individual es sólo de ellos. Está la persona y el mundo. El sujeto es libre. Cuando alguien ataca a otra persona, la agrede o le demuestra afecto, en última instancia está decidiendo hacerlo. La persona que recibe la agresión pudo haber causado o no que la otra persona lo agreda, sin embargo, el agresor puede elegir también no hacer nada. Pero tanto la agresión “fundada” y “la muestra de afecto” son acciones socialmente aceptadas como “normales”, dentro de los parámetros normales que se esperan, en tal caso, de las personas que viven en sociedad. Se espera consenso, buena fe, aceptación, etc. Se espera todo eso porque en el fondo se espera que las personas sean buenas y actúen, por lo tanto, de buena fe.

¿Qué pasa entonces cuando una persona actúa de mala fe o agrede a otra persona? Adjudicamos este penoso paso en falso a la otra persona o al sistema. En este caso el capitalismo, este sistema competitivo que exprime a las personas, su libertad y sus sueños. Pero qué sucede, entonces, con lo antes expuesto. Qué sucede, entonces, con la praxis libre del sujeto. Qué sucede, entonces, con la fe profunda en el hombre que “elige y al elegir se elige así mismo y a toda la humanidad; que decide según lo que considere mejor para sí y los demás; que elige su libertad y la de los demás”.[1]

Pasa que el sujeto demuestra en cada acción que predica algo que no puede cumplir. Porque en el fondo “el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor”[2], es un ser que cada vez que pueda va a infringir dolor, actuar de mala fe, tratar de sacar ventaja de cualquier situación, humillarnos. El sistema puede imprimir sobre él cualquier fuerza, influencia, presión, etc. Puede llevarlo hasta el límite más penoso de la existencia. Pero aunque sea en ese último instante, bajo la mayor amenaza, el sujeto (el hombre) decide sobre su praxis. Su praxis es libertad.

En centenares de situaciones diarias, cotidianas, las personas pueden elegir, sin problema, entre ser amables, compasivos, afectuosos, comprensivos, cordiales, con consciencia social, solidario, etc. Y ser agresivos, hostigadores, soberbios, inescrupulosos, egocéntricos y sobre todo, hipócritas.  Porque el mayor problema de esta consideración es que como lo socialmente esperado es lo primero y el acto final es el segundo, el hombre se convierte en un hipócrita. Es quizás el aspecto más penoso de esta reflexión.

Particularmente no tengo una “profunda fe en el hombre”, en estos tiempos donde la burguesía, el poder del capital, mediático y bélico, el miedo, se ha apoderado de la vida cotidiana, y la revolución de cualquier tipo está lejos de llevarse a cabo. Donde prevalece el estado de confort personal por sobre la libertad individual y la de todos, es imposible tener fe en el hombre, que todos los días nos demuestra que actúa hipócritamente sin reparos. Y que nos demuestra, sin mácula, que lo hace libremente. Podemos ponernos las excusas que deseemos. Las pruebas están ahí, en la calle, sólo hay que verlas desde el ángulo correcto y ese ángulo es la libertad; es la praxis libre del sujeto.

[1] El existencialismo es un humanismo. J.P. Sartre.

[2] El malestar de la cultura. S. Freud.

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One comment

  1. alienameesta · November 19, 2015

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