Angustia ante la nada y ante la libertad – Jean Paul Sartre

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   Kierkegaard (El concepto de angustia, pág. 85): «La relación de la angustia con su objeto, con algo que no es nada (y decimos también de una manera tópica que estamos angustiados por nada)…».

            La influencia en Heidegger es clara. El recurso a la frase tópica: «Estamos angustiados por nada», se halla palabra por palabra en Sein und Zeit. Pero es verdad que la angustia para Heidegger es angustia-ante-la-Nada (Néant), que no es el «ninguna cosa» (Rien), sino, como dice Wahl, «un hecho cósmico sobre cuyo fondo se destaca la existencia». Mientras que para Kierkegaard se trata de «una angustia psicológica y de un vacío que está en el espíritu». Este vacío, en suma, es la posibilidad. Posibilidad que no es ninguna cosa todavía, puesto que el hombre en estado de inocencia no sabe aún de qué es posibilidad. Pero está ahí, no obstante, como anuncio de la libertad: «Lo que flotaba ante los ojos de Adán inocente como el vacío de la angustia queda ahora integrado en él y sigue siendo el vacío, la angustiante posibilidad de poder. De lo que puede, no tiene la menor idea… Sólo viene dada la posibilidad de poder, como una forma superior de ignorancia, como una más alta expresión de la angustia».

            ¿Angustia ente la Nada, como en Heidegger? ¿Angustia ante la libertad, como en Kierkegaard? A mi juicio es una única cosa, porque la libertad es la aparición de la Nada en el mundo. Antes de la libertad en mundo es un lleno que es lo que es, una gran papilla. Después de la libertad hay cosas diferenciadas porque la libertad ha introducido la negación. Y la negación no puede ser introducida por la libertad en el mundo más que por el hecho de estar la libertad enteramente transida por la Nada. La libertad es su propia nada. La facticidad del hombre consiste en ser el que nadifica su facticidad. Es mediante la libertad como podemos imaginar, es decir, nadificar y tematizar a la vez objetos del mundo. Es mediante la libertad como podemos poner en cada instante un distanciamiento respecto a nuestra esencia, que pierde fuerza y queda suspendida en la Nada, ineficaz; la libertad establece una solución de continuidad, es ruptura de contacto. Es fundamento de la trascendencia porque puede, más allá de lo que es, proyectar lo que todavía no es. Finalmente, se niega a sí misma, pues la libertad futura es la negación de la libertad presente. Yo no puedo comprometerme porque el porvenir de la libertad es nada. La libertad crea el porvenir del mundo nadificando el suyo propio. Y nuevamente, no puedo comprometerme porque mi presente convertido en pasado será nadificado y puesto fuera de juego por mi presente libre por venir. Explicaré en otra ocasión que estos rasgos de la libertad no son sino los de la conciencia. Pero precisamente, si por el hombre la Nada es introducida en el mundo, la angustia ante la Nada no es más que la angustia ante la libertad, o, si se quiere, la angustia de la libertad ante sí misma. Si, por ejemplo, experimenté ayer una ligera angustia ante aquel vino que podía beber pero que no debía beber, fue porque «no debo» pertenecía ya al pasado, quedaba distanciado, fuera de circuito, como la esencia, y ninguna cosa podía impedir que bebiera. Yo me angustiaba ante aquel ninguna cosa, ante aquella nada de los medios de acción de mi pasado sobre mi presente. Ninguna cosa que hacer. Y la famosa expresión «tengo miedo de mí mismo» es precisamente una angustia ante ninguna cosa, pues ninguna cosa me permite prever lo que haré y, aun pudiéndolo prever, ninguna cosa puede impedírmelo. Así, pues, la angustia es sin duda experiencia de la Nada y no es, por eso mismo, un fenómeno psicológico. Es una estructura existencial de la realidad humana, no es otra cosa que la libertad tomando conciencia de sí misma como su propia nada. Las angustias ante la Nada del Mundo, ante los orígenes de lo existente, son derivadas y secundarias. Se trata de problemas que aparecen bajo la luz de la libertad. El mundo en sí mismo es y no puede no ser. Su propiedad dehecho no permite deducirlo, ni suponer que tiene un antes. El problema del origen del mundo sólo se plantea en virtud de la incidencia de la libertad sobre las cosas. Así, pues, la captación existencial de nuestra facticidad es la Náusea y la aprehensión existencial de nuestra libertad es la Angustia.

            … Pero compréndase bien que esta Nada no es un agujero pura y simplemente dado. Si así fuera, esta Nada sería algo dado, lo cuál nos remitiría al Ser y a la facticidad. Una Nada que fuera un Ser no tendría sentido alguno. En realidad esta Nada es una Nada que somos… Hay prioridad del Ser, y el Posible no aparece más que en el horizonte de una Nada. Pero es preciso que esta Nada sea Nada de un ser que es su propia Nada. / Puede verse que la Falta es intento de rellenar la Nada con Ser. La Falta es siempre impaciencia ante la angustia huida de la Nada hacia lo Real.

            La conciencia es aligeramiento de ser. El ser-para-sí es una desintegración del ser-en-sí. El ser-para-sí transido por la Nada se convierte en ser-para-sí. […]

 

CUADERNOS DE GUERRA (Noviembre 1939-Marzo 1940)

Testimonio Edhasa, Barcelona, 1983. Págs. 162-165

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