La globalización y la irracionalidad capitalista – La cajita infeliz

“Un escorpión suplicó a una rana ayudarlo a cruzar el estanque. La rana se negó, argumentando que el escorpión la mataría. Éste replicó que si tal cosa hiciera ambos se ahogarían, por lo que podía confiar en él. La rana accedió. Cuando iban llegando a la mitad del estanque el escorpión picó a la rana que, sorprendida, le recordó sus palabras mientras ambos se hundían en el agua. -No pude evitarlo… —dijo el escorpión— Está en mi naturaleza…”

 

Los capitalistas sólo sobreviven compitiendo; eso no quiere decir que les guste. A los capitalistas les apasiona la ganancia. Los apologistas del capitalismo suelen describir la competencia como un fenómeno apacible, armónico, donde todos ganan. La competencia capitalista es, sin embargo, un fenómeno violento, altamente destructivo. Si uno gana, otro ha perdido.

Los apologistas dicen:

“No hay felicidad sin dolor”. No hace falta sufrir para ser feliz.

Dado que no puede sostenerse que la competencia favorezca a todos en forma evidente, la única forma de defenderla es pateando la pelota para adelante: está bien, ahora algunos pierden, pero a la larga todos nos beneficiamos. Se la conoce como “teoría de la copa”: se empieza por dar beneficios a la burguesía, favorecer la acumulación de capital aun a expensas de gigantescos sufrimientos para las masas; el líquido tiende a llenar la copa de los patrones, pero como éstos gastan sus ingresos personales e invierten sus ganancias, tarde o temprano el líquido desborda y comienza a derramarse sobre las copas que están debajo, que terminan recibiendo los beneficios de sus sacrificios.

sistema-bancario

Vulgarmente esto se conoce con la expresión “pan para hoy, hambre para mañana”, de donde se deduce que es mejor “hambre para hoy, pan para mañana”. Que esto es un absurdo lo da el hecho de que es lo mismo pasar hambre hoy o mañana: pasaremos hambre de todas maneras. Lo que no se cues- tiona es el hecho central: ¿por qué habremos de pasar hambre? ¿Por qué es necesario el hambre? Esta forma de defender la competencia capitalista justi ca el hambre de corto plazo por una supuesta abun- dancia en el largo plazo.

Otra manera de defender la competencia es argumentando que, a pesar de sus contradicciones, es la forma más e ciente de asignar recursos. La intervención del Estado no hace más que arruinar las cosas porque hará intervenir criterios distintos de la e ciencia económica, como la conveniencia política o cuestiones de orden moral. Si se deja al mercado actuar con tranquilidad, cada uno recibirá lo que le corresponde. El problema con esta estrategia de defensa es su falsedad: no hay forma de probar que la asignación de recursos por el mercado es la más e ciente. El problema es que, cuando la constatación empírica de ese error llega, los economistas la descartan.

speculatorsHay una tercera forma de defender la competencia capitalista y consiste en no defenderla: las cosas son así y punto. Por la vía del darwinismo social: la competencia es natural a la especie humana porque está en la naturaleza misma de la realidad. Que los mejores sobre- vivan y que los peores mueran. El mercado es la forma de la democracia por excelencia: si quiero compro, si no, no.

Todo aquel que quiera sobre- vivir debe hacerle caso al mercado. Debe ir allí y competir. Si gana, sobrevive; si pierde, muere. No resulta extraño que una sociedad, que nos tiene a todos al borde de la vida y de la muerte todos los días, nos quiera hacer creer que el dolor es necesario. Nótese que esto no significa que el capitalismo asegure la satisfacción de todas las necesidades humanas, ni siquiera de las más elementales, sino sólo las que son rentables, las que producen ganancias.

Para ganar y seguir ganando, el tamaño es muy importante: “el pez grande se come al chico”. En términos técnicos, esto se llama “economías de escala”.

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Ejemplo: “Si una empresa fabrica un solo producto por vez para venderlo, y luego compra nuevamente la materia prima necesaria para producir otro, y así, su nivel de e ciencia —aquello que otorga toda la ventaja en el mercado— será menor que otro que compra las materias primas en gran cantidad y las vende por montones a un ritmo relativamente independiente de la producción. Por otra parte, como su capital es escaso ningún banquero se arriesgará a prestarle mucho (o nada, mejor dicho), porque no hay ninguna garantía de que pueda devolver el crédito. Es por esto que los bancos buscan prestar a los más grandes y lo hacen a tasas diferenciales: cuanto más pequeño, más riesgo, tasa más alta. Cuanto más grande, al revés. Los pequeños pierden ventas, tienen crédito caro.”

La ventaja decisiva de los grandes capi- tales sobre los chicos, sin embargo, se halla en la tecnología. Nuevas tecnologías son por lo general nuevos y mayores gastos, que sólo rinden a mayores escalas, pero escala es precisamente lo que le falta a los capitales chicos.

De modo que el principal problema que toda pyme enfrenta es el desarrollo mismo del capitalismo.

Fragmento del capitulo IV, La cajita infeliz, Eduardo Sartetlli

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4 comments

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  2. Agustín Labaronnie · February 3, 2016

    Interesante. Le arreglaría los errores de copiado en palabras como “eficiencia” en donde no se ve la letra “f”.
    Saludos

    Liked by 1 person

    • alienameesta · February 3, 2016

      Se me pasó esa, por alguna razón desde PDF hasta el wordpress no me copia los “fi”. Ese no lo vi la verdad. Ahora lo busco. Gracias.

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  3. Nicolás Damián Visceglio · February 4, 2016

    Muy ameno.

    Liked by 1 person

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