Porvenir de clase – Parte II

En el apartado Porvenir de clase de su libro Las estrategias de reproducción social, Bourdieu despliega, magistralmente, los mecanismos que ordenan la realidad social de los estratos bajos, medios (ascendentes) y dominantes.

Comparto estos extractos del capítulo en partes para hacer la lectura más amena y poder concentrarse en los detalle que destaca el autor. Comparto, sobre todo, porque es importante que se divulgue y que todos tengamos acceso a textos importantes del ámbito académico. Nos ayuda a romper paredes, prejuicios y a remover el velo que oscurece muchos pensamientos sobre muchos tópicos de actualidad.

las fracciones más ricas en capital cultural (los cuadros medios y los empleados) recurren principalmente a la escuela, unos y otros tienen en común el invertir disposiciones ascéticas en sus estrategias económicas y escolares, lo que hace de ellos la clientela ideal de la banca y de la escuela: buena voluntad cultural y espíritu de ahorro, seriedad y denuedo en el trabajo son las garantías que el pequeño burgués ofrece a dichas instituciones, a la vez que se entrega por entero a su merced (por oposición al poseedor de un verdadero capital, económico o cultural) ya que solamente a través de ellas puede obtener los beneficios de un patrimonio fundamentalmente negativo.

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Si la pretensión fuerza al pequeño burgués a entrar en la competencia o en el concurso de pretensiones antagonistas y lo empuja a vivir siempre por encima de sus recursos, a expensas de una tensión permanente, siempre al borde de un estallido de agresividad (antes que de agresión), también le da la fuerza necesaria para extraer de sí mismo, mediante todas las formas de la autoexplotación -en especial, ascetismo y malthusianismo-, los recursos económicos y culturales indispensables para el ascenso.

Con la seguridad de que debe su posición tan sólo a su mérito, está convencido de que no debe contar más que consigo mismo para salvarse: cada quien cuida por sí, cada quien se atiene a lo suyo. La preocupación por concentrar los esfuerzos y reducir los costos lleva a romper los lazos -incluso familiares- que obstaculizan el ascenso individual: no se tiene tiempo, medios, ni ganas para sostener relaciones con los otros miembros de la familia que no han sabido “arreglárselas”.

La pobreza tiene sus círculos viciosos, y los deberes de solidaridad que contribuyen a que los (relativamente) menos desposeídos queden encadenados a los más desprovistos hacen de la miseria un eterno recomenzar. El “despegue” siempre supone una ruptura, de la cual la defección respecto de los antiguos compañeros de infortunio no representa sino
un aspecto.

El pequeño burgués es un proletario que se empequeñece para llegar a ser burgués. Se repliega sobre una familia estrechamente unida, pero estrecha y algo opresiva. No es casual que el adjetivo pequeño (o alguno de sus sinónimos, siempre más o menos peyorativos) pueda adjuntarse a todo lo que piensa, dice, hace, tiene o es el pequeño burgués, a su moral misma, que sin embargo es su punto suerte: estricta y rigurosa, tiene algo de estrecho y de coactivo, de crispado y de susceptible, de mezquino y de rígido a fuerza de formalismo y de escrúpulo.

EXCLUIDOS

Taxonomía ética dominante

La taxonomía ética dominante, aplicación del sistema de clasificación social de la clase dominante al ámbito de la moral, se resume en un sistema de cualidades y de calificativos que se organizan alrededor de la oposición entre las maneras positivamente sancionadas o “distinguidas” (es decir, las maneras de los dominantes) y las sancionadas negativamente.

A este principio de división llega a sumarse otro: la cualidad, apreciada desde el punto de vista de la clase dominante, de la relación que los poseedores de las maneras negativamente calificadas (acento, hexis corporal, etc.) mantienen con las cualidades que les asigna la taxonomía dominante. Concretamente, la oposición fundamental entre la holgura, cualidad dominante, y la penuria, cualidad dominada, se replica en una oposición secundaria entre la pretensión, como penuria (sufrida en uno y otro sentido) rechazada (por una “estima demasiado grande de sí mismo que plantea ambiciones y proyectos excesivos”, como dice el diccionario Robert) y la modestia, como penuria aceptada (por una “loable moderación en la apreciación de su propio mérito”).

Así, las cualidades dominadas reciben siempre dos denominaciones: una, francamente negativa, se sitúa en la serie de la pretensión (que es necesario rebajar) ; la otra, eufemística, otorga a las cualidades dominadas el respeto que ellas se ganan aceptándose como tales.

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La holgura (como la “penuria”, su antónimo) designa, a la vez, una manera de ser y un tipo peculiar de condiciones materiales de existencia, más precisamente, una disposición distinguida y las condiciones de existencia de las cuales es producto y a las que continuamente remite: el principio y el efecto de esta disposición distinguida y distintiva no es otro que la experiencia del mundo y de sí como necesaria, como coincidencia realizada del ser y del deber ser, que funda y autoriza todas las formas íntimas o exteriorizadas de la certidumbre de sí: seguridad, desenvoltura, gracia, pericia, flexibilidad, libertad, elegancia o, en una palabra, naturalidad.

Esta competencia es un caso especial de todas las relaciones de competición, en las cuales la clase privilegiada se esfuerza por echar por tierra las pretensiones (nobiliarias, escolares u otras) de aquella que la sigue inmediatamente, entre otras cosas, tratando sus ambiciones y sus aspiraciones como una suerte de delirio subjetivo, fundado sobre una autoestima demasiado grande, e intentando hacerlas pasar por pretenciosas, es decir, presuntuosas, desproporcionadas, excesivas, arrogantes, ridículas o, al menos, prematuras. Con ello afirma también su distinción con respecto a la clase inferior, al oponer a su juridicidad el monopolio de los títulos (nobiliarios, escolares u otros) sobre los
cuales descansan sus propios privilegios. Por su parte, la clase inferior exige o reivindica el acceso a los privilegios hasta entonces reservados a la clase superior.

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